Los datos arrojados por distintos órganos han sido fundamentales para evidenciar las brechas de desigualdad.

Una frase que suele decirse en materia de estadística es “lo que no se puede leer, no se puede cambiar”. En el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) es casi un mantra que se da la mano con “lo que no se nombra no existe”, palabras del filósofo George Steiner que los movimientos feministas han adoptado para defender el lenguaje incluyente.

Así como ocurre con esos lemas, en México hay concordancia entre la estadística y la perspectiva de género, pues este país ha ido incursionando y avanzando año con año en este tema para que las cifras de desigualdad se visibilicen; cerrar las brechas es el objetivo subsecuente.

“México tiene una tradición muy importante en materia de encuestas y estudios estadísticos sobre el tema de mujeres. Cuentan las que fueron a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995 en Beijing, que junto con Cuba fueron los países que llegaron con datos. Siempre ha sido un tema muy importante”, dice en entrevista Nadine Gasman activista, diplomática y actual presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

Paulina Grobet, coordinadora del Centro Global de Excelencia en Estadísticas de Género de ONU Mujeres México, cuenta en entrevista que por más de dos décadas este organismo y las oficinas nacionales de estadística, los mecanismos para el adelanto de las mujeres y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) “han realizado un trabajo muy sólido a fin de apoyar a los países en su trabajo a favor de la recopilación periódica de datos”.

Open Data Watch, un organismo internacional que evalúa la cobertura y apertura de información de las oficinas nacionales de estadística, ha ubicado a México como uno de los mejores países en apertura de datos estadísticos oficiales; en 2017 incluso estuvo en sexto lugar, según el Inventario de Datos Abiertos (ODIN). En el más reciente, de 2020, el país se ubica en el puesto 29 de 187, por encima de Reino Unido, Francia, Italia o Bélgica.

Nadine Gasman asegura que el que México sea líder en este tipo de estudios se debe a una conjunción de alineaciones. Destaca a las profesionales de demografía y estadística del Inegi, quienes han estado dispuestas incluir la perspectiva de género en las encuestas. “Ellas han empujado esos temas que necesitamos medir y anteriormente sólo se sabían empíricamente. Empezó como la medida del uso del tiempo, pero después fue cómo monetizamos esto, qué parte del Producto Interno Bruto es, y ahí nos damos cuenta de la cantidad de horas que las mujeres dedicamos al trabajo del hogar y de cuidados que no es remunerado, cómo se compara con lo que hacen los hombres y cuánto representaría eso si se considerara en el PIB. Esa es una propuesta de las economistas feministas de hace mucho tiempo”.

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